El café helado, en su forma más básica, es un café que se prepara con agua caliente y que después se sirve frío. La extracción en caliente es lo que lo distingue de otros métodos de café frío: el calor disuelve los compuestos aromáticos con más rapidez, dándole al café helado su brillo, acidez y complejidad característicos.
Al verter el café sobre hielo, o enfriarlo rápidamente, los compuestos volátiles quedan atrapados antes tener siquiera la oportunidad de disiparse.
El resultado es un café helado refrescante e intenso. Según los granos que utilices, el café puede adquirir notas cítricas, afrutadas o florales, o un acabado definido a té, y este es el beneficio de la extracción en caliente. En contrapartida, el café helado tolera menos el error. Si se deja reposar por mucho tiempo antes de enfriarlo, se oxida rápidamente y los sabores se desvanecen.